viernes, 13 de febrero de 2015

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Hoy nuestra entrada está dedicada a un tema que a veces preocupa a los padres que no saben cómo enfrentarse y cómo actuar de la manera más apropiada en los primeros conflictos que surgen con sus hijos.
Os suelen surgir dudas, diferentes puntos de vista entre padre-madre, diferentes formas de actuar... 
Aquí os mostramos una serie de consejos fáciles de aplicar y que os serán de gran ayuda en la magnífica tarea que desarrolláis cada día, la de ser PADRES.
Antes de "castigar" a un niño es aconsejable que cuando su comportamiento empiece a ser un problema se le avise de ello y de la posibilidad de que si no remite su conducta habrá que cambiar de comportamiento. Así, el pequeño será consciente de que el "castigo" viene dado por su actitud y no le extrañará lo que le ha pasado; además, se le da margen para que modifique su comportamiento.
Existen una serie de normas que se tienen que dar a la hora de "castigar" de una manera educativa para que el intento de modificar una conducta inadecuada resulte más útil y eficiente:
  • Inmediatez: supone que nuestra respuesta sea en el momento en que se da el mal comportamiento; así nuestro hijo vinculará la acción con la reacción. Si se le escarmienta, por ejemplo, una hora tarde, puede que ni recuerde qué ha hecho mal y que no sepa el motivo por el que se le castiga en ese momento.
  • Actitud reflexiva: los padres no debemos caer en el enfado sin pensar qué decimos. Si el niño suele comportarse mal, podremos pensar previamente qué tipo de frases vamos a imponer, según el tipo de cosas que pueda llegar a hacer nuestro hijo.
  • Respuesta proporcionada: no puede darse el caso de que por una conducta grave (como pegar a otro niño) reciba una reprimenda menor que por algo de menor gravedad (como no recoger un juguete).
  • Centrarnos en la conducta, no en el niño: en vez de decir al pequeño “eres muy malo”, es mucho mejor decirle “puedes hacerlo mejor". En el primer caso, el niño siente que es malo y que, aunque pueda portarse bien, seguirá siendo malo. En cambio, en el segundo ejemplo verá que sólo lo es en ese momento y será más fácil que interiorice su actitud.
  • No compararle con otros niños: un error muy frecuente es decir al pequeño cuando se comporta mal que otros son mejores que él. Esa actitud hacia él no resulta nada productiva y lo único que conseguiremos es mermar su autoestima sin que él sienta la necesidad de cambiar.